Estuvo 45 minutos muerto, recuperó el pulso y reveló las 3 lecciones que aprendió para aplicar en la vida
Vincent Tolman contó los conmovedores dietalles del episodio que lo transformó para siempre. Su nueva perspectiva y los profundos aprendizajes sobre la existencia
>La vida de
Vincent Tolman transcurrÃa como la de cualquier joven estadounidense de
25 años. Nacido en
Pero en el 18 de enero de 2002, su vida dio un vuelco. Ese dÃa, junto a un amigo, decidieron probar un suplemento de origen tailandés que habÃan comprado en lÃnea. Un producto que prometÃa resultados extraordinarios, pero cuya fórmula escondÃa un componente oscuro. Según reveló a Business Insider, al consumirlo, algo no les cuadró, algo no estaba bien. Se sintieron diferentes. Decidieron dirigirse a una cadena de comida rápida, en Utah, con la esperanza de que la comida los ayudara a estabilizarse.Dentro del restaurante, el malestar empeoró. Tolman se sintió cada vez más débil. Fue al baño y cerró la puerta detrás de sÃ, buscando privacidad para lidiar con la sensación abrumadora de que su cuerpo lo traicionaba. La muerte lo alcanzó allÃ. Comenzó a vomitar para expulsar la toxina que lo invadÃa, pero aspiró el vómito y se asfixió. En cuestión de segundos, su corazón se detuvo.Lo siguiente que recuerda es ver su propio cuerpo desde arriba. Una escena surrealista, como si estuviera viendo una pelÃcula. Observaba con desconcierto cómo los paramédicos irrumpÃan en el baño y trabajaban frenéticamente sobre su cuerpo, con el que él ya no sentÃa ninguna conexión. “No parecÃa yoâ€, relata Tolman en su libro “The Light After Deathâ€, que rápidamentes e convirtió en un best seller. Su piel, detalló, habÃa adquirido un tono violáceo y cadavérico. Los esfuerzos por resucitarlo fallaron y, cuando lo dieron por muerto, los paramédicos lo introdujeron en una bolsa amarilla y lo colocaron en la parte trasera de la ambulancia.A lo largo del trayecto, Tolman siguió observando desde arriba, flotando sobre el vehÃculo que ahora transportaba su cuerpo sin vida. Murió oficialmente durante 45 minutos. En ese tiempo, la muerte para él fue una experiencia de calma absoluta, asegura. No habÃa dolor, ni miedo, solo una desconexión completa de su ser fÃsico. “SentÃa como si el mundo a su alrededor no tuviera techo, como si todo se expandiera sin barrerasâ€, escribió en su libro. Observaba lo que sucedÃa con una serenidad sorprendente, dijo, sin temor.Durante esos tres dÃas en coma, viajó a lo que él llama “el otro ladoâ€. Allà fue recibido por una figura vestida de blanco, un hombre que no hablaba, pero que transmitÃa todo a través de la mente. Este guÃa, al que Vincent llamarÃa “Drakeâ€, lo acompañó por una revisión exhaustiva de su vida. Cada mala acción, cada error, fue mostrado desde su propia perspectiva y desde los ojos de aquellos a quienes habÃa afectado. Fue un proceso intenso y abrumador, pero también liberador. Aunque vio muchos momentos oscuros de su vida, descubrió que habÃa hecho más bien que mal. Esa revelación lo condujo a un estado de paz que nunca habÃa experimentado.
“Drake†le explicó algo que cambió su forma de ver la vida para siempre: la tierra es solo una escuela. “Estamos aquà para aprender, no para ser juzgadosâ€, le dijo el guÃa. Esta frase encapsuló el gran aprendizaje de Vincent: “lLa vida no es una prueba ni un castigo, es un espacio para crecer, para aprender a amar y para conectar con los demásâ€. En ese lugar de serenidad, rodeado de pasto verde y flores que parecÃan irradiar amor, no querÃa volver a su cuerpo. La sensación de paz y calor que emanaba de su entorno era irresistible.Pero, finalmente, tomó la decisión de regresar. Lo hizo, según él, porque su familia lo necesitaba, especialmente su madre. Y asÃ, contra todo pronóstico médico, despertó del coma tres dÃas después, completamente ileso. Fue un despertar lleno de emociones encontradas. HabÃa vuelto a la vida, pero algo dentro de él habÃa cambiado para siempre.
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