Domingo
5 de Abril de 2026
25 de abril de 2024
El músico, compositor y director presenta su nuevo espectáculo “Sinfónico”, una lectura diferente, “desprolija” en sus palabras, de las composiciones de grandes íconos de la música clásica
Dueño de un impulso creativo sin descanso, mientras su Piazzolla Electrónico sigue sumando fechas y su tercer viaje polar comienza a dar sus frutos cinematográficos, Nico SorÃn ya tiene todo listo para el estreno de Sinfónico, un plan que une grandes hits de compositores como Mozart, Bach y Stravinsky procesado por una banda de 18 músicos que subirán a escena en Niceto este jueves y repetirá mes por medio. La propuesta nació hace algunos años, cuando durante la pandemia el músico se puso a “samplear música clásica y a ponerle beatsâ€. Tiempo después, en medio de una gira por Brasil, una charla con su mánager sobre su gusto por las cuerdas y la música orquestal completó la idea. “Hagamos un Niceto con cuerdasâ€, coincidieron, y la cosa tomó vuelo.
Entonces, aquellos experimentos que consistÃan en sumarle grooves a los sampleos adquirió su forma definitiva. “Ahà fue cuando pensé en por qué no reinterpretar las obras tal como son, en vez de hacerlo como si fuese un cubismo. Tocarla, ponerle baterÃa y sumarle el resto de los instrumentos. Asà que, finalmente, cayóâ€, cuenta Sorin al final de un ensayo.
Apenas unos minutos antes, en la Sala 2 de MLC Records, en Villa Ortuzar, él al teclado, Lucy Patané en guitarra, MartÃn Varela en bajo y Gómez en la baterÃa, completaban un repaso de fragmentos de “La consagración de la primaveraâ€, “Las danzas húngarasâ€, “Carmina Burana†y del “Claro de luna†de Ludwig van Beethoven con un sonido modelo siglo XXI.
—Tiempo atrás decÃas que las experiencias que hay en el sentido de sumarle un componente pop a la música clásica no fueron muy felices…
—Bueno, Waldo de los RÃos quizás es el el ejemplo más cercano. Y se mató por eso, creo. Se hizo millonario, pero también se suicidó. Creo que por eso, en un punto. Eso es lo que dicen. Él sabÃa que estaba haciendo una cagada.
—Aún asÃ, ¿encontraste alguna referencia para trabajar el abordaje de estas obras?
—Me costó mucho encontrar alguna referencia. Hay algunas cositas, pero generalmente es gente que toca pedacitos de piezas y es como que nunca terminan de armar la obra. Pero no encontré nada que me hiciera decir “¡wow!â€. El progresivo va más por el lado de “mira qué rápido que toco Bachâ€. Creo que a veces carece de emoción, que es lo que queremos darle acá.
—No obstante, en lo que escuché podrÃa decir que hay destellos de King Crimson, de Black Sabbath…
—SÃ, también hay de Nine Inch Nails, del reggae… La idea de jugar por todos los lugares. Pero jugar, nada más. No entrar en ningún género en particular. La propuesta es bastante punki en general, porque es desprolijo. Es aguerrido.
—¿Cuáles son los lÃmites, a la hora de jugar con las obras de compositores como Mozart, Bach o Beethoven?
—Ya están muertos hace varios cientos de años, asà que no creo que pase nada. No creo que ningún nieto venga a pegarte, creo. Pero la experiencia me indicó que en realidad podés moverte si sos fiel al espÃritu del compositor. Te doy un ejemplo: con Piazzolla me costaba mucho encontrar la llave para decidir cómo aggiornar a un tipo que era remoderno, como ocurre con todos estos compositores, que son brillantes. Y me di cuenta de que la única forma que habÃa de hacerlo era tocándolo con brÃo, con el corazón. Después, no importa adónde vayas.
Creo que esto es un poco lo mismo. Para alguien puede ser una cagada, pero para mà la llave para poder entrar a esta música es tocarla de ese modo. No es tan mental; es mucho más el cuore. Y vos solo viste la banda, pero faltan las cuerdas.
Sorin explica que el acento de su trabajo inicial estuvo puesto en la búsqueda del groove de la baterÃa para cada pieza. “Te dirÃa que el 95% de la música popular sinfónica no se presta para esto. Tuve la suerte de encontrar estas, que te permiten trabajarlas sobre todo rÃtmicamente, pero a las que hubo que encontrarles la vuelta.â€
Enseguida agrega que su fantasÃa es que, apenas las reconozca, el público se ponga a cantar. “Estoy seguro de que eso va a pasarâ€, pronostica el responsable de que la música de Piazzolla se haya convertido en la banda sonora de pogos impensados.
—¿Hay algo de provocación o rebeldÃa en la propuesta?
—¡No! Provocación sólo en el sentido de cortar con el protocolo, con lo rancio que a veces tiene la música clásica. Porque la música está llena de vida; lo que no tiene vida son los protocolos, los sindicatos… Muchas cosas que están atrás de lo que hace que sea una música para señores aburridos.
No sé. A ver… He visto un par de ejemplos de Beethoven en festivales, en Europa y la gente coreando la “Quinta†o la “Novena†sinfonÃas. Creo que esa es la manera de acercarlo. Nos pasa con el show Piazzolla, a los que vienen el padre con el hijo y se unen dos generaciones. No lo puedo prever eso. Sucederá o no.
Por suerte ya no está en peligro tu vida, por hacer algo asÃ. En 1913, cuando estrenó “La consagración de la primavera†Stravinsky tuvo que salir por la puerta de servicio. En ese sentido, creo que estamos a salvo. ¡Ja ja!
En el proceso de construcción de su Sinfónico, Sorin cuenta que dejó fuera del repertorio con el que subirá a escena algunas obras de autores como Henry Purcell, Piotr Tchaikovsky y el propio Mozart, a la espera de encontrarles la vuelta exacta que necesitan para ser parte de su lista de temas, que según adelanta tendrán una duración “radiableâ€.
Eso significó para el músico un meticuloso trabajo de edición. “Muchas veces, Mozart repite y repite y repite… No tenÃan Netflix. No se aburrÃan. Asà que metà tijereta, armé medleys, o tomé un pedazo de un movimiento unido con otro del segundo. Lo fui armandoâ€, detalla, el mismo tiempo que resáltale rol que les asignó a las cuerdas.
“Son las que cantan. Son superprotagonistas en el show. No se trata de ‘arreglos de cuerdas’; en este caso son los cantantes de la banda, que está formada por 18 músicosâ€. Entre ellos, sobresalen nombres como los de la violista Elizabeth Ridolfi o las chelistas Karmen Rencar y Paula Pomeraniec. “Es gente que –agrega SorÃn– está acostumbrada a tocar para Luis Miguel, para YSY A…â€
–—¿Qué descubriste de nuevo cuando te pusiste a trabajar sobre estas obras para abordarlas en este formato?
—A mà me impresiona que estos tipos hayan hecho hits que perduraron más de 200 o 300 años. En algunos casos, para mÃ, sus obras más famosas no son las mejores que compusieron. Pero tienen esa cualidad de hits.
—Suele suceder también con los músicos contemporáneos, con las bandas…
—Radiohead no puede dejar de tocar “Creepâ€, aunque tal vez haya otros temas mejores. Pero esos tienen algo que es imposible de explicar. Es un misterio realmente por qué esas obras perduran en el tiempo. Es mágico.
A la par de la preparación de Sinfónico, SorÃn sigue repartiendo su tiempo entre PAN, el plan de acción craneado por Santiago Vázquez y compartido con Sergio Verdinelli, Mono Fontana, Carolina Cohen, Mariano Tiki Cantero y Facundo Guevara, entre otros, que va el próximo 24 de abril a las 21 en Niceto; su combo de improvisación Impresionante, asociado con Wenchi Lazo y Franco Fontanarrosa; y un flamante proyecto electrónico llamado Aparatus.
A ese panorama musical se suma el estreno, el próximo domingo 28 de abril a las 19 en el Cine York (Alberdi 895 - Olivos), de Diario Ãrtico, el documental que resultó de su viaje al ártico realizado en enero pasado, con base en Finlandia.
“Fui a escribir la SinfonÃa Ãrtica. Fue el tercer viaje polar, y volvà con un documental más que con música. Fue muy loco, porque nunca habÃa tenido en mente hacer un documental, pero me ponÃa a grabar cosas para mÃ, para las redes, hasta que me puse a editar el material y aparecióâ€, confiesa SorÃn, que agrega que está con ganas de hacer una serie. “Ya tengo Antártida, ya tengo Ãrtico y ahora tengo ganas de ir a Islandiaâ€, dice.
—¿Qué es lo que te atrae del frÃo?
—No es solo el frÃo. Es la naturaleza, primero, que para mà es lo más grande que hay. Y después, entre más recóndito el lugar, entre más hostil, menos gente hay y entonces es más propicio para estar con uno. Cada viaje es muy diferente. Me di cuenta de que cada cinco años tengo necesidad de irme lo más lejos posible, y lo más lejos posible son los polos, claro. Pero no es que me guste el frÃo.
—De hecho, en la Antártida la pasaste mal.
—SÃ. Fue horrible eso. De hecho, ahà nació “Monsterâ€, con esa idea de que me estaba volviendo loco porque no venÃa el Hércules a rescatarme. Pero esto fue muy diferente. Fue casi un mes, que es lo mÃnimo que tenes que quedarte para adaptarte y conectarte con vos, solo en una cabaña, a 10 kilómetros de la persona más próxima, escribiendo, tomando vino… Fue divino.
—¿Y qué apareció?
—Un montón de cosas. Mucha música diferente. Una música para cada personaje. Cambiaba todo mucho. El sol, la luna, las auroras… Ves todos los movimientos, porque no tenés nada. Es todo blanco, los árboles muertos y el movimiento del sol y la luna. Eso es todo. Pero es increÃble la cantidad de matices y de cosas que ves y la música que tiene, que te inspira…
—Qué pasa cuando volvés y te encontrás con el marco actual? ¿Cómo influye el panorama general en tu música?
—Creo que ante la adversidad, la mejor batalla, aunque sea muy poco práctica, es hacer, hacer y hacer. Me pasa eso. Es como una especie de espÃritu combativo que tiene el arte. Creo que en la comodidad es más difÃcil escribir. Creo que una manera que tenemos de escaparle a las situaciones malas y combatirlas es por ahÃ, es en el arte.
Casi te dirÃa que la función principal que tiene la música para mÃ, más allá de lo polÃtico, más allá de todo, es la idea de sacarte de ese lugar y mostrarte algún otro universo más bello, mejor. Creo que esa es la función más fuerte que tiene la música.
* Nico Sorin presenta Sinfónico el jueves 25 de abril a las 21 en Niceto Club (Niceto Vega 5510, C.A.B.A.). Entradas a través de Passline desde $7000.-
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