Osmar Hellmuth, el frustrado espía nazi que terminó vendiendo seguros en Palermo Chico
En octubre de 1943, las SS alemanas encararon una misión "top secret": un mensaje del presidente golpista Pedro Ramírez para las autoridades del Tercer Reich que llevaría por mar un joven germano-argentino. Ese espía fue descubierto a bordo, desembarcado en Trinidad y Tobago, y llevado a una prisión británica. Décadas después, aquel joven volvió a ser agente, no secreto, sino de seguros.�
Ambas ocupaciones le permitÃan solventar su pasión por el motociclismo. Tanto es asà que, en esos dÃas –era la primavera de 1962– habÃa adquirido una Ducati Sport, cuyo motor precisaba unos ajustes. De modo que, durante la madrugada de un lunes, supo despertar a todo el vecindario con los estruendosos rugidos que emitÃa aquella máquina cada vez que le probaba el arranque.
Ello justo ocurrÃa debajo del dormitorio de mi infancia.
En ese preciso instante pude ver la insólita figura de un sujeto que lucÃa pijama y pantuflas, dando leves brincos en medio de la calle. Y subrayaba su diatriba con furiosos ademanes. Era el vecino del tercer piso. Su nombre: Osmar Hellmuth.
Los habitantes más antiguos del edificio de la calle Malabia 3305 aseguraban que Hellmuth alguna vez se habÃa recibido de ingeniero naval; otros sostenÃan que era un oficial retirado de la Armada. En realidad, su pasión por los barcos –de la que siempre hablaba– hacÃa creÃble ambas versiones. Por lo pronto, no disimulaba su orgullo por ser socio del Yacht Club Argentino ni, menos aún, por haber navegado en competiciones que, incluso, lo habÃan conducido hasta las costas de RÃo de Janeiro. Y solÃa destacar su paso por el Liceo Naval, pero sin decir si habÃa egresado del mismo.
Una mañana –la del 9 de julio de 1967– don Hellmuth le habÃa pedido permiso a mi padre para llevarme al desfile militar que se hacÃa cada año en la Avenida del Libertador, a sólo una cuadra de nuestros domicilios. En aquella ocasión, el evento fue presidido por OnganÃa. Y don Osmar, apretujado entre el público, aplaudÃa el paso de las tropas no sin emoción. Ese hombre tenÃa entonces 59 años.
En octubre de 1943, el general de brigada de las SS, Walter Schellenberg, quien dirigÃa el servicio exterior de la inteligencia alemana –la Ausland SD– acudió al despacho de su jefe inmediato, Heinrich Himmler, para anticiparle un tema que podrÃa resultar beneficioso para el Reich: el arribo a Europa de uno de sus agentes con un mensaje suscripto por el presidente argentino, Pedro RamÃrez, quien apenas unos meses antes habÃa derrocado al gobierno civil encabezado por Ramón Castillo.
El asunto era muy delicado; por ello no era conveniente que dicha misiva llegara por vÃa diplomática. El jerarca de la SD sabÃa que el nuevo mandatario sudamericano –quien formaba parte de un sector castrense que simpatizaba con el Eje– estaba interesado en adquirir armamento alemán. Y el espÃa en cuestión serÃa justamente el encargado de coordinar tal convenio. El tipo ya se encontraba en un buque que habÃa partido desde el RÃo de la Plata hacia un puerto español.
Sin dudarlo un instante, el mismÃsimo Himmler ordenó que un avión de la Luftwaffe esperara al viajero en Barcelona para su traslado a BerlÃn.
El agente integraba la red que la Ausland SD habÃa desplegado en Argentina. Y no era otro que Osmar Hellmuth.
Hellmuth viajaba hacia Europa a bordo del buque Cabo de Hornos, fingiendo ser un joven diplomático argentino en tránsito hacia su nuevo destino consular en Barcelona. Puesto que hasta entonces sólo habÃa participado en operaciones menores y con roles secundarios, quizás durante aquella travesÃa paladeara por anticipado la gloria que le depararÃa esta misión.
En rigor, los Aliados habÃan logrado interceptar absolutamente todas las comunicaciones alemanas con Argentina. De manera que estaban al tanto del viaje de Hellmuth, por lo que su destino estaba sellado. El espÃa criollo de la SD fue desembarcado por los ingleses en Puerto España, en la isla de Trinidad y Tobago, al norte Venezuela.
–¡Soy un diplomático argentino, no alemán! –clamó infructuosamente en una pequeña caseta policial.
Desde aquel momento, pudo encubrir con cierta eficacia su calamitoso paso por el universo del espionaje. Y no hay constancia alguna de que su vida haya tropezado con otros sobresaltos.
La última vez que lo vi fue en el otoño de 1976, ya bajo el imperio de la última dictadura.
Él vestÃa de etiqueta. Y ella tropezaba con la enorme falda de su vestido. Lo insólito es que la escena transcurrÃa en un colectivo. Ellos bajaron en la esquina de Malabia y SeguÃ.
El acto se realizó en el Club AGP y contó con la presencia de autoridades, gremios y referentes del sector portuario. Es la primera vez que se otorgan estas habilitaciones a trabajadoras.
El sindicato STARPyH apuntó contra los responsables de la firma por incumplimientos del convenio, falta de registración adecuada y situaciones de maltrato. “No vamos a permitir que se vulneren derechos”, advirtieron.
Efectivos de la Prefectura Naval Argentina participaron en las últimas horas de un operativo para combatir dos incendios de gran magnitud registrados en zonas rurales del sur del Partido de General Pueyrredón, en cercanías de las localidades de Chapadmalal y El Marquesado.
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